El salario mínimo general en México aumentó 13% al iniciar 2026, al pasar de 278.80 a 315.04 pesos diarios —equivalentes a 9,582.47 pesos al mes—, un incremento que la Comisión Nacional de los Salarios Mínimos (Conasami) fijó muy por encima de la inflación anual, de 3.12% en julio según el INEGI. La pregunta que queda abierta para 8.5 millones de trabajadores beneficiados es si ese aumento nominal realmente se traduce en más poder de compra, o si termina disolviéndose entre precios más altos y presentaciones más pequeñas de los mismos productos.
El número detrás del 13%
El ajuste que entró en vigor el 1 de enero de 2026 no se calculó como un simple porcentaje sobre el salario anterior. La Conasami integró el nuevo monto sumando un Monto Independiente de Recuperación (MIR) de 17.01 pesos diarios al salario vigente en 2025, y después aplicó un incremento por fijación de 6.5%, lo que en conjunto arrojó el alza global de 13%4. En la Zona Libre de la Frontera Norte (ZLFN), que abarca municipios de Baja California, Sonora, Chihuahua y otros estados fronterizos, el ajuste fue menor: 5%, para llegar a 440.87 pesos diarios o 13,409.80 pesos mensuales5.
Se trata del octavo año consecutivo en que el salario mínimo registra incrementos de dos dígitos2, una racha que comenzó en 2018 y que, de acuerdo con la propia Presidencia, ha significado un crecimiento acumulado de 154% en términos reales desde ese año1.
Lo que hay que saber del aumento
- Salario general
Pasó de 278.80 a 315.04 pesos diarios (9,582.47 pesos mensuales).
- Frontera Norte
Subió 5%, hasta 440.87 pesos diarios (13,409.80 pesos al mes).
- Beneficiarios
El ajuste alcanza a 8.5 millones de personas trabajadoras, según la Secretaría del Trabajo.
- Inflación de referencia
El INEGI reportó una inflación anual de 3.12% en julio, muy por debajo del 13% del ajuste salarial.

La otra cara: qué pasa con los precios
El salario no es el único costo que enfrenta una empresa para operar: también paga renta, luz, agua y cuotas de seguridad social, y un incremento salarial de doble dígito presiona directamente su estructura de costos1. Ante ese escenario, las compañías tienen básicamente tres salidas: absorber parte del golpe en su margen, trasladarlo al precio final, o reducir el contenido del producto sin bajar el precio —una práctica conocida como reducflación, donde las cajas y los envases se hacen más pequeños mientras el consumidor paga lo mismo o más.
Ese ajuste gradual explica por qué el desgaste del poder adquisitivo casi nunca se percibe de golpe: los mismos 1,000 pesos que una familia destina a la despensa o a cargar gasolina rinden para menos, semana tras semana, sin que nadie anuncie formalmente que el dinero vale menos1.
No basta con aumentar nominalmente el salario si no se acompaña de medidas que prevengan efectos sobre la inflación; de lo contrario, el poder adquisitivo ganado en estos años puede erosionarse rápidamente
Víctor Gómez Ayala, economista en jefe de Finamex
Lo que dice el gobierno y lo que advierten los analistas
La presidenta Claudia Sheinbaum descartó que el aumento genere presiones inflacionarias adicionales y calificó la medida como una buena noticia, además de subrayar que, según su gobierno, la inversión extranjera ha continuado creciendo pese a los incrementos salariales3. El secretario del Trabajo, Marath Bolaños, agregó que con el nuevo salario un trabajador puede comprar 7.1 kilos de frijol, 6.5 de huevo y 14.8 de tortilla, y afirmó que en términos reales se trata del nivel más alto registrado desde 1980.
No todos los análisis coinciden en que el riesgo inflacionario sea nulo. Desde el sector financiero, se advirtió que los tres subcomponentes de la inflación de servicios ya mostraban presiones por arriba de sus promedios históricos hacia noviembre de 2025, y que ese rubro es particularmente sensible al costo laboral6. Bancos como Banamex señalaron además que los riesgos inflacionarios derivados de los aumentos al mínimo se han acentuado porque no han ido acompañados de mejoras equivalentes en la productividad.

Quién gana y quién absorbe el riesgo
El beneficio directo es claro para los 8.5 millones de trabajadores que ganan el mínimo o cerca de él, cuyo ingreso mensual sube de forma inmediata y medible3. El riesgo, en cambio, se reparte de forma desigual: las empresas —sobre todo las más pequeñas, con menor margen para absorber costos— deben decidir entre reducir utilidad, subir precios o achicar producto, mientras los hogares que no perciben el mínimo, o cuyo ingreso no sube en la misma proporción, enfrentan el mismo entorno de precios sin el mismo alivio salarial.
A esto se suma otro frente de presión sobre el costo de operar en México: la discusión sobre nuevos impuestos a determinados productos y la búsqueda de gobiernos estatales de fuentes adicionales de recursos, lo que añade una capa más de costos que las empresas eventualmente deben decidir cómo trasladar1.













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