En julio de 2026, 34.1 millones de personas trabajaban en la informalidad laboral en México, equivalente al 56.2% de la población ocupada, según la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) del INEGI. Una investigación presentada en El Colegio de México añade una capa de explicación a esa cifra: no solo el salario y el acceso a la seguridad social determinan si alguien acepta un empleo formal, sino también la duración de la jornada, los tiempos de traslado, la autonomía y, de forma marcada entre las mujeres, las responsabilidades de cuidado no remunerado dentro del hogar.
Lo que dice el estudio de El Colegio de México
Durante la conferencia magistral The Labor Supply Side of Informality, la investigadora Mayara Félix, de la Universidad de Yale, presentó los resultados de la investigación "¿Valoran los trabajadores tener un trabajo formal en México?", elaborada a partir de un experimento de elección discreta aplicado a alrededor de 5,500 observaciones en las diez ciudades más grandes del país.1
El hallazgo central es que la decisión de aceptar un empleo formal no depende únicamente del salario y la seguridad social: los trabajadores también ponderan la estabilidad laboral, la duración de la jornada, los tiempos de traslado y el nivel de autonomía que ofrece cada puesto.2
La investigación encontró una diferencia relevante entre hombres y mujeres: ellas exigen una compensación salarial mayor para aceptar empleos de tiempo completo, un resultado que los investigadores vinculan directamente con las responsabilidades de cuidado dentro de los hogares.2

El peso de los cuidados no remunerados
Ana Aguilar, directora ejecutiva del Consejo Mexicano de Negocios (CMN), reforzó esa lectura al señalar que las responsabilidades de cuidado no remunerado empujan a numerosas mujeres a buscar esquemas laborales flexibles y, en algunos casos, a permanecer en la informalidad.1
Aguilar planteó la necesidad de crear mecanismos que permitan formalizar el trabajo de medio tiempo, y señaló un dato que ilustra una zona gris del mercado laboral mexicano: alrededor de 4 millones de personas trabajan informalmente dentro de empresas formales, en jornadas menores a tiempo completo.1 Es decir, la informalidad no se limita a negocios que operan fuera de la economía formal, sino que también puede presentarse dentro de empresas ya establecidas.2
Las responsabilidades de cuidado no remunerado llevan a numerosas mujeres a buscar esquemas laborales flexibles y, en algunos casos, a permanecer en la informalidad.
Ana Aguilar, directora ejecutiva del Consejo Mexicano de Negocios (CMN)
Los números detrás del fenómeno
La tasa de informalidad de 56.2% en julio de 2026 estuvo apenas por encima del 56.1% registrado en el mismo mes de 2025, lo que indica una condición estructural más que un movimiento coyuntural.3 Dentro de ese universo, el INEGI distingue el llamado "sector informal" en sentido estricto: 18.9 millones de personas trabajaron específicamente en negocios no registrados durante julio, equivalente al 31.1% de la población ocupada, una proporción 1.2 puntos porcentuales superior a la de julio de 2025.
En el mismo periodo, la población desocupada fue de 1.8 millones de personas, una tasa de desocupación de 2.9% de la Población Económicamente Activa, ligeramente arriba del 2.8% de julio de 2025.3
Lo que hay que saber
- Informalidad total
34.1 millones de personas, 56.2% de la población ocupada en julio de 2026, según la ENOE del INEGI.
- Sector informal específico
18.9 millones de personas trabajaron en negocios no registrados, 31.1% de la población ocupada.
- Desocupación
1.8 millones de personas, 2.9% de la PEA, frente a 2.8% en julio de 2025.
- Informalidad dentro de empresas formales
Alrededor de 4 millones de personas laboran informalmente en jornadas de medio tiempo dentro de negocios ya formalizados, según el CMN.

No es solo una decisión individual
Mayara Félix advirtió que la diversidad de situaciones detrás de la informalidad obliga a evitar explicaciones basadas únicamente en las decisiones de cada trabajador.3 Según la investigadora, el fenómeno también está condicionado por las habilidades y la productividad de las personas, la tecnología disponible, la regulación vigente y los costos que enfrentan las empresas para formalizar plazas.
Esa distinción tiene implicaciones prácticas para el diseño de política pública: si la informalidad respondiera solo a preferencias individuales, bastaría con ajustar incentivos salariales; si además depende de la regulación laboral, los costos patronales y la oferta de esquemas de tiempo parcial formalizados, la solución requiere cambios en las reglas del mercado de trabajo, no solo en el bolsillo del trabajador.














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