La mitad de los trabajadores en México no recibió ningún aumento salarial en el último año y, de quienes sí lo obtuvieron, la mayoría vio un ajuste que solo alcanzó a compensar la inflación, no a mejorar su poder adquisitivo real, de acuerdo con la Guía Salarial 2026 de Michael Page.1 El hallazgo confirma una tendencia que documentan también los indicadores oficiales de revisiones contractuales: los incrementos nominales pactados entre empresas y sindicatos rara vez se traducen en ganancias reales significativas para el trabajador promedio.
Lo que muestra la Guía Salarial 2026
De acuerdo con la firma de reclutamiento Michael Page, apenas 52% de los empleados encuestados recibió un incremento en su salario durante el último año, y la mayoría de esos ajustes se otorgó como compensación inflacionaria y no como reconocimiento al desempeño.1
El resultado, según la consultora, ayuda a explicar el clima laboral: 37% de los trabajadores se ubica en lo que la firma describe como una "zona de apatía", entre la conformidad y la frustración silenciosa, sin llegar a la insatisfacción abierta pero tampoco a la motivación.1
No se sienten completamente insatisfechos, pero tampoco motivados
Javier Torre, director de Michael Page México y Centroamérica

El riesgo para las empresas: rotación de personal
Para los empleadores, esa desmotivación no es un tema menor: Michael Page advierte que se traduce en un riesgo de rotación más alto, particularmente en posiciones críticas donde el costo de reemplazar a un empleado es elevado.1
La consultora subraya que ajustar los sueldos únicamente al ritmo de la inflación contiene el malestar entre la plantilla, pero no genera compromiso adicional hacia la organización, porque un aumento que apenas compensa el alza de precios no se percibe como una mejora real.1
Qué recomienda la consultora a las empresas
Javier Torre planteó que el problema de fondo es que la inflación avanza más rápido de lo que muchas organizaciones pueden ajustar los salarios, por lo que recomendó a las empresas mexicanas fortalecer otros componentes de la compensación en lugar de depender solo del sueldo base.1
No podemos depender únicamente del salario porque la inflación va más rápido que lo que muchas organizaciones pueden aumentar
Javier Torre, director de Michael Page México y Centroamérica
- Ser más agresivos con el esquema de bonos por desempeño
- Fortalecer prestaciones como seguros médicos
- Ofrecer fondos de ahorro para los empleados
- Implementar esquemas de flexibilidad laboral
El contraste con las revisiones contractuales oficiales
El diagnóstico de Michael Page coincide con lo que documentan los Indicadores y Estadística de la Reforma Laboral (INDERLAB) de la Secretaría del Trabajo y Previsión Social (STPS): las revisiones salariales contractuales en el ámbito federal registraron un incremento nominal del 6.5% en agosto de 2026, que al ajustarse por inflación equivale a un aumento real de apenas 3.13%.2
El promedio acumulado de enero a agosto de 2026 fue de 6.9% nominal, una cifra que confirma que, mes con mes, buena parte del incremento salarial pactado se diluye frente al costo de la vida.2 En procesos más amplios de negociación federal, el alza nominal promedio ponderado llegó a 8.5%, con una recuperación real del poder adquisitivo de 3.9%, según cifras de la STPS citadas en negociaciones recientes de sindicatos como el de Pemex y Volkswagen.3
Lo que hay que saber
- Sin aumento
48% de los empleados no recibió ningún incremento salarial en el último año, según Michael Page.
- Ajuste inflacionario, no mérito
La mayoría de los aumentos otorgados solo compensaron la inflación, sin reflejar reconocimiento al desempeño.
- Salario mínimo vs. salario general
El salario mínimo subió 13% en 2026, a 315.04 pesos diarios, muy por encima del ritmo de los sueldos contractuales.
- Recuperación real limitada
Las revisiones contractuales federales de agosto de 2026 dejaron un alza real de solo 3.13%, según STPS.

Quién gana y quién absorbe el riesgo
El aumento al salario mínimo de 13% para 2026, que lo llevó de 278.80 a 315.04 pesos diarios, sí representa una ganancia real para los trabajadores que ganan el mínimo, pero no aplica de forma automática al resto de la fuerza laboral: los sueldos por arriba del mínimo se negocian según la inflación esperada y las posibilidades financieras de cada empresa, no en la misma proporción del ajuste al mínimo, explicó el académico de la Universidad Iberoamericana Francisco Javier Jiménez.4
Esa brecha crea una tensión doble: mientras el salario mínimo ha ganado terreno frente a la inflación en los últimos años, los sueldos contractuales de trabajadores sindicalizados —desde el sector azucarero hasta la industria automotriz— siguen negociándose con incrementos nominales que, descontada la inflación, dejan márgenes reales de apenas 3 a 4 puntos porcentuales por año.3
Para las pequeñas y medianas empresas, el reto es doble: absorber presión de costos laborales sin poder replicar los aumentos extraordinarios del salario mínimo, mientras compiten por retener talento frente a organizaciones más grandes que sí pueden ofrecer bonos y prestaciones adicionales.














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