El salario mínimo en México ha subido de manera sostenida desde 2018, pero el repunte de precios en alimentos básicos durante 2026 está limitando el impacto real de esas mejoras salariales, según especialistas consultados por medios nacionales, en un fenómeno que golpea con más fuerza a trabajadores informales y familias de bajos ingresos.
Qué muestran los datos oficiales
La política de recuperación del salario mínimo mexicano arrancó en 2016 y se aceleró a partir de 2019. Según cálculos citados por Kelly Services con base en la Comisión Nacional de los Salarios Mínimos (CONASAMI), el salario mínimo ha recuperado más del 110% de su poder adquisitivo real desde 20182.
En pesos nominales, el ajuste ha sido pronunciado: el salario mínimo pasó de 88.36 pesos diarios en 2018 a 278.80 pesos en 2025, y para 2026 tuvo un incremento de 13%, hasta 315.04 pesos diarios, de acuerdo con Forbes México3. Un análisis independiente calcula que el salario mínimo acumula un alza real de 168% en ocho años de incrementos de doble dígito4.
Ese comportamiento contradice la idea de que el salario real mexicano esté hoy por debajo de su nivel de hace cinco años: la trayectoria documentada por fuentes oficiales y especializadas muestra una recuperación, no una caída, del salario mínimo en ese periodo. El punto de fricción no es el nivel del mínimo, sino qué tanto de esa ganancia se traduce en consumo real cuando los alimentos suben más rápido que el índice general.

El freno de los alimentos
El contraste ocurre en la mesa de los hogares. Productos como jitomate, papa, chile y frutas registraron fuertes incrementos durante 2026, afectando directamente el presupuesto familiar, de acuerdo con un reporte de ABC Noticias1. La misma nota señala que los alimentos mantienen aumentos por encima de la inflación general.
Ese diferencial entre precios de alimentos e inflación general no es menor para el bolsillo: mientras el salario mínimo gana terreno en el papel, el gasto en la canasta básica —jitomate, papa, chile, frutas— absorbe una porción creciente del ingreso disponible, sobre todo entre quienes no tienen colchón de ahorro.
El repunte inflacionario en alimentos está moderando la recuperación del poder adquisitivo, principalmente entre trabajadores con ingresos variables o en la informalidad.
Especialistas consultados por medios nacionales, citados por ABC Noticias
Quién absorbe el riesgo
El golpe no se distribuye por igual. La recuperación salarial documentada corresponde principalmente al salario mínimo formal; los trabajadores informales y quienes dependen de ingresos variables no tienen ese piso de protección y sienten con más intensidad el alza en la canasta básica1.
A esto se suma una señal de alerta sobre el uso del crédito como amortiguador: analistas económicos citados por ABC Noticias advierten que un número creciente de familias recurre al financiamiento para sostener el gasto cotidiano ante la presión de precios1, lo que traslada el ajuste de corto plazo hacia deuda futura en lugar de resolver la pérdida de poder de compra.
Lo que hay que saber
- Salario mínimo 2026
Se ubica en 315.04 pesos diarios tras un incremento de 13% respecto a 2025.
- Recuperación acumulada
El poder adquisitivo del mínimo ha subido más de 110% desde 2018, según CONASAMI.
- Presión en alimentos
Jitomate, papa, chile y frutas subieron con fuerza en 2026, por encima de la inflación general.
- Población más afectada
Trabajadores informales y de ingresos variables, que no tienen el piso del salario mínimo formal.

El debate sobre sostenibilidad
El propio ritmo de los aumentos alimenta un debate económico paralelo: si el incremento del salario mínimo puede sostenerse sin una mejora equivalente en productividad. Forbes México advierte que, de mantenerse sin ese respaldo, la tendencia podría traer presiones inflacionarias crecientes, pérdida de empleos formales y mayor informalidad3.
Análisis académicos, sin embargo, matizan ese riesgo: un estudio de la revista Análisis Económico de la UAM concluye que los costos laborales no han sido causantes de espirales inflacionarias y que hay margen para continuar con el alza salarial sin generar presión sobre los precios5. La discrepancia entre ambas lecturas —el costo laboral como motor de precios frente a los costos de materiales importados y la dinámica de los alimentos como causa principal— define buena parte de la discusión de política económica en México hacia el resto del año.














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